viernes, 9 de diciembre de 2011

Capitulo 1: Mil noches

A mí me parecía una tontería, una noche viendo pelis con tu hija, si lo sé, era una idea boba, pero a mi padre le gustaba esa idea, así todas las noches, así hasta mil. Decía que así no nos distanciaríamos. Y yo no lo hacía, de hecho me pasaba la mayor parte del tiempo con él, bueno como que era la única familia cercana que me quedaba, mi madre ya había muerto hace unos años, de echo yo tenía 3 años cuando ella murió. Una tarde después de volver del colegio, entre en casa, la puerta estaba abierta cosa que me parecía rara y lo siguiente que vi fue a mi madre tirada en el suelo. Ese recuerdo todavía recorre mi mente, pero a decir verdad cada vez me olvido más de mi madre, tengo una idea vaga de cómo era. Sí, mi padre siempre me dice que me parezco a ella, con el cabello negro como la noche y los ojos oscuros como el azabache, pero yo creo que me lo dice para que no me olvide de ella, pero es imposible, la gente para no deprimirse cuando alguien muere, lo único que quiere es olvidar. Aunque mi madre hubiese muerto, todavía tenía a mi padre, que sí que podía ser pesado, pero aun así le quería. Las noches en las que veíamos películas, yo como de costumbre me quedo dormida, cuando la película acaba yo ya estoy dormida, por lo que mi padre me coge en sus brazos y me lleva a mi cama, después  de arroparme me da un beso en la frente y me da las buenas noches llamándome princesita. Lo sé no tengo 3 años pero me gusta saber que me quería. 
A todo esto, me llamo Paula, solo Paula, no hace falta que sepáis mis apellidos. Ya lo sé, esta historia, de que a alguien se le haya muerto un ser querido, le habrá pasado a más gente, pero ¿a qué nadie se ha parado a pensar si esa muerte fue accidental o provocada?, eso es lo que yo intente averiguar. 
Llevo muchas noches pensando que mi madre no murió accidentalmente, desde que un día escuche a mi padre hablando por teléfono. Escuche como mencionaba a mi madre y la conversación acababa con un “…no le des más vueltas todos piensan que fue un accidente”. Desde ese día pienso en ello antes de irme a dormir, pero cuando estoy cerca de encontrar una solución, el sueño se convierte en mi peor enemigo.