jueves, 23 de febrero de 2012

Capítulo 7: Lágrimas de un café.


Las dos horas escasas que he dormido no han servido de mucho, aunque tengo mejor aspecto que ayer, me levanto de la cama con cuidado, intentando no despertarle. Cuando consigo ponerme en pie me dirijo al escritorio que tengo a dos pasos de mi, cojo mi móvil y miro la hora, son las ocho, me sumo en mis pensamientos, cuando oigo una dulce voz detrás de mi diciendo:
-Buenos días.
Me giro y lo veo tumbado en la cama mirando en mi dirección, lo miro a los ojos que en ese momento aunque la oscuridad gobierne mi cuarto se ve algo de brillo en ellos. Ando hacia él y me siento a su lado.
-Lo siento ¿te he despertado?
-No tranquila, ¿estas mejor?
-Si…mejor que ayer, ¿sabes? creo que llorar no me va a servir de nada, no por ello me van a devolver a mi padre.
Angel me mira, sabe que lo estoy pasando mal y que a la vez estoy intentando ser fuerte, pero las fuerzas de mi corazón flaquean.
-¿Sabes por qué decidí salir contigo?-me dice entre susurros.
-Aparte de porque te gustaba ¿no lo se?
-Porque tienes el don de hacer feliz a la gente con la mínima cosa, porque con tan solo sacarle una sonrisa a alguien te conformas, cuando me mirabas y me sonreías le dabas un vuelco a mi vida y me alegrabas el día, porque cuando estas triste a pesar de lo duró que sea el golpe intentas asimilarlo sin lagrimas para no hacer daño a otra gente, porque la primera vez que te bese hiciste algo en mi que no podría explicar, pero que ahora se con seguridad y que se llama amor, porque…-Angel dice todo en susurros.
Comienza a dar razones sin parar, yo lo miro atónita, las cosas que me dice son tan bonitas que las lagrimas están apunto de saltarme de los ojos, pero para evitar llorar, cojo su cara entre mis manos y le doy un beso que hace que se estremezca, este es de esos besos en los que saboreas toda la dulzura que hay en él, noto como Angel sonríe, los dos disfrutamos del beso y nos reímos, pero justo en ese preciso momento un objeto que estoy empezando a odiar comienza a sonar, sí, es  el teléfono de mi casa, comienza a sonar, me levanto desquiciada y cojo el teléfono.
-Casa de los Wilde ¿dígame?
-Buenos días, soy Ingrid, ¿eres Paula? ¿La hija de Leonel?
-Si soy yo ¿por qué?
-Soy una compañera de trabajo de tu padre y necesitamos que vengas a dar los datos sobre él padre al…tanatorio.
-A vale voy ahora, en un cuarto de hora estoy ahí.
-Vale, bueno pues hasta luego.
-Hasta luego.
Cuelgo y me dirijo a mi cuarto Angel me espera sentado en la cama, cojo mi ropa y le doy un beso.
-Anda vístete que nos vamos de paseo-digo sin muchas ganas.
-Vale, pero ¿quien ha llamado?
-La tristeza en persona.
Me encierro en el baño y me doy una breve ducha, me visto unos vaqueros negros y una camisa blanca, las botas que mi padre me regalo por mi último cumpleaños, me peino un poco el pelo y me lo seco, salgo del baño y Angel esta aun acabando de vestirse, cojo una americana negra y me dirijo al cuarto de mi padre y busco todo lo que pueda ser útil, desde su fotocopia del DNI hasta el libro de familia. Cuando acabo de coger lo necesario, me dirijo a mi cuarto y cojo mi bolso en el que tengo todo, mi móvil y mi DNI por si acaso les apetece a los de la funeraria fisgar, cuando acabo de coger todo Angel me espera en la puerta de mi casa.
-No te preocupes desayunaremos por el camino-le digo mientras salimos de casa.
Angel y yo cogemos un taxi y vamos hasta aquel lugar donde yo me tendré que enfrentar a lo más duro de mi vida, ver a mi padre muerto, siento que mi móvil vibra y suena, es un mensaje de Lay, ni lo miro en ese momento no me apetece hablar con ella y de verdad que siento no hacerle caso, pero ese momento no es como para hacer las burradas que hacemos normalmente. Cuando llegamos a nuestro destino Angel y yo nos bajamos del taxi y nos quedamos inmóviles ante el edificio, es de un color gris claro, que debe de intentar dar tranquilidad, pero que en este caso a mi no me la da y de echo me empiezo a poner más nerviosa. Angel me coge de la mano y me da un beso que me inspira algo más de tranquilidad, entramos en el edificio hay una mujer, es de baja estatura delgadita y de pelo rubio, cuando Angel y yo entramos anda hacia nosotros.
-Buenos días Paula soy Ingrid, compañera de trabajo de tu padre, ¿Qué tal estas?-me pregunta.
-Bueno…-me quedo en silencio, no tengo ganas de decirle a nadie como estoy en ese momento-mejor…mejor que ayer…ehh…-no se nada más que decir, Ingrid esta seria, pero se nota que ha estado llorando, que en ese momento que ha estado llorando se le ha ido la seriedad por los poros y yo estoy apunto de hacerlo.
-Hola, soy Angel su novio-Angel extiende su mano hacia Ingrid.
-Hola… Paula ¿traes los datos de tu padre?-pregunta Ingrid.
-Si, ¿a quien debo dárselo?
- Pues a esa secretaria, pero si quieres me ocupo yo, ¿acaso que quieras ocuparte tu?
-No no…yo…prefiero que se ocupe usted, yo no entiendo nada de esto y no creo que usted vaya hacer las cosas…-solo faltaba el típico cri cri del grillo para referirse al silencio en el que nos quedamos- Ingrid…¿usted cree…qué mi padre…se haya suicidado?
-Lo siento Paula pero a esa pregunta no te puedo responder, pero si te puedo decir que tal y como me hablaba de ti y tal y como era él, era un buen compañero…y un buen padre.
-¿Puedo ir a verlo?
Ingrid pone una cara difícil de describir, estoy casi al borde de las lágrimas, ella me mira fijamente, tiene unos ojos grandes que transmiten una confianza y apoyo, sin poder evitarlo le doy un abrazo que ella acepta sin problemas.
-Si puedes ir a verlo, esta por esa puerta.
-Gracias Ingrid.
Le doy los papeles y me dirijo hacia la puerta, cuando entro no puedo evitar las lagrimas, Angel entra detrás de mi y se pone a mi lado, me da un abrazo no puedo parar de llorar, hasta que por fin paro, me separo de él y me vuelvo hacia donde esta mi padre. Me agarro de la mano a Angel, la tristeza me esta matando por momentos las lagrimas caen como cascadas, mi mirada se pierde en un sin fin de imágenes que pasan por mi mente. Me acerco a mi padre, esta cubierto por una sabana blanca, solo tiene al descubierto la cabeza, pienso en lo rápido que lo he perdido, en lo fácil que era tenerlo a mi lado y a la velocidad a la que se ha ido, es como si se hubiera ido dando un portazo, un aquí se acabó. Angel se acerca a mí y me da un beso en la mejilla, me coge de la mano y me saca de la sala en la que mi miedo ha comenzado a gobernarme, haciendo que el habla se esfume, que mis lágrimas vuelvan a mis ojos y que no cesen, Angel me lleva a un café que hay enfrente del temible edificio en el que mi padre esta retenido.
No sentamos en una mesa, el camarero no tarda en aparecer, Angel pide dos cafés que el camarero trae en menos de lo que me espero, son las lágrimas de un café lo que la gente observa en esos mismos momentos la gente, Angel me da un beso que por fin consigue tranquilizarme,  me tomo el café en pequeños sorbos y por fin, la tranquilidad me invade.