martes, 18 de septiembre de 2012

Capítulo 21: Cambiemos el “tu y yo” por un “nosotros”

7:24 am.

Me entretengo mirando fotos en mi móvil. Fotos de Angel. Fotos mías. Fotos de los dos. Juntos. Felices. Pero sólo son eso, fotos.
Apenas he dormido un par de horas esta noche. Miles de recuerdos se agolpaban en mi mente cada vez que cerraba los ojos y no he podido, o no he querido apartarlos. Y es que como decía Paul Gèraldy, “llegará un día en que nuestros recuerdos serán nuestra riqueza”. Y a mí ese día ya me ha llegado. Los recuerdos no se pueden evitar. Para bien o para mal están ahí, en nuestra memoria, haciéndonos ver que ellos son lo único que nos queda; los recuerdos de los buenos o malos momentos que hemos vivido y que ya no se volverán a repetir. Y mis recuerdos me llevan a Angel, sólo a él. Le echo de menos. Echo de menos dormir abrazada a él, nuestras “apuestas”, como la del día de nuestro primer beso, sus frases insinuantes que me hacían sonrojar… Todo. Echo de menos mi vida junto a él. Me levanto de la cama y cojo mi guitarra. Sí, también me he traído la guitarra. La cojo y empiezo a tocar. Nada en concreto, solamente acordes sueltos. Y más recuerdos y más lágrimas. Pienso en él, en qué estará haciendo. Seguramente estará dormido, aun es muy temprano. Estará despatarrado en la cama, boca abajo, como siempre. Sin casi pensarlo cojo mi móvil de la mesilla de noche y le llamo. Sé que habíamos quedado en que le llamaría cada atardecer, pero no puedo esperar. Le extraño demasiado.
4 tonos después, contesta.
-¿Si?-Su voz denota cansancio.
-Angel-digo intentando contener las lágrimas-¿Te he despertado?
-Paula-dice confuso-No… no importa. ¿Ha pasado algo?
-No, es solo que…- No puedo evitar romper a llorar.
-Ey princesa, ¿Por qué lloras? Me estás asustando- Dice preocupado.
-No es nada-Intento calmarme-Solo quería hablar contigo.
-No me mientas Paula, estás llorando, solo quiero saber por qué-Insiste.
-Es que…- Me callo antes de romper a llorar de nuevo.
-¿Qué?- Pregunta-Dímelo, por favor.
-No puedo más Angel, te echo tanto de menos…
-Paula…-Suspira, notablemente más tranquilo.
-Sí, ya lo sé-le interrumpo-Siempre te digo lo mismo, estarás cansado ya de mí y de mis lloreras absurdas…
-No digas eso ni en broma-Me corta Angel-Yo nunca me voy a cansar de ti, ¿me oyes? Nunca.
-Pero tú también lo tienes que estar pasando mal y no te pones a llorar, en cambio yo...-digo entre sollozos.
-Claro que lo estoy pasando mal, mi niña. Y si no lloro es porque asimilo todo esto de forma distinta a ti, no te culpes-Me intenta tranquilizar.
-Aun así, no debería ponerme de esta forma, ya no soy una niña para andar llorando por las esquinas cada dos por tres-Digo.
-Para mí si que eres una niña, eres mi niña-Dice, recalcando el “mi”,  logrando arrancarme una sonrisa.
-Te quiero Angel, te quiero mucho.
-Y yo mi vida, ya verás cómo dentro de nada volvemos a estar juntos-Me dice.
-Ojala tengas razón…
-Ya verás cómo la tengo, siempre la tengo-Ríe.
-Eres un creído-Le digo sonriendo.
-Pero me quieres-Afirma.
-No estés tan seguro, aquí en Londres hay chicos muy guapos eh-Digo riendo.
-¿Pero tú solamente me quieres por mi físico?-Pregunta intentando aguantarse la risa.
-Pues claro, ¿qué creías?
-Hombre, ya sé que tengo un físico envidiable, pero…
-Bueno, tampoco te hagas muchas ilusiones, no creo que aquí en Inglaterra tarde mucho en encontrar alguno que esté más bueno que tú-Me carcajeo.
-Eso ha dolido, mala persona-Dice con tono infantil.
-Jajaja tonto…-Le digo, puesto que la última parte de la conversación no iba en serio.
-Con tanto insulto voy a empezar a pensar que todo lo que me dices es verdad eh- Dice con cierto tono de indignación.
-Perdóneme usted, no volverá a ocurrir-Digo en tono solemne.
-Disculpas aceptadas señorita- Dice riendo.
Sonrío pensando en cómo la conversación se ha ido volviendo más alegre, mas viva. Solamente con hablar con Angel ya me siento mucho mejor, pero hay una cosa que aun me inquieta.
-Angel-Digo con tono más serio.
-¿Si?
-Si me tengo que quedar por mucho tiempo en Londres… tú y yo… ya sabes,  tú… ¿Tú seguirías conmigo?
-Princesa me da igual el tiempo, como si vuelves cuando tengas 80 años, el pelo blanco y camines con bastón. Yo te voy a esperar. Y recuerda, ya no somos “tú y yo” sino “nosotros”.
-Nosotros…-Digo, volviendo de repente a aquel domingo 4 de septiembre.
4 de septiembre
Ha estado toda la mañana lloviendo, y no tiene pinta de mejorar. He quedado con Angel, ayer tras la apuesta, el beso, y todo lo que vino después me acompañó a casa, y me dijo que hoy vendría a por mí para ir a dar una vuelta. Quedan 15 minutos más o menos para que llegue y yo todavía no sé que ponerme. Al final me decido por algo básico. Vaqueros, sudadera y converse. Me peino y bajo. Acaba de sonar el timbre, seguro que es él. Abro la puerta y confirmo mis sospechas. Me saluda con un beso.
-Señorita-Dice tendiéndome el brazo como un caballero.
Me río y cojo su brazo, aunque segundos después vamos de la mano.
De repente, empieza a tronar. Ambos miramos al cielo, sabiendo que dentro de nada empezará a caer una buena.
-Mierda-Maldigo recordando que me olvidé el paraguas.
-¿Qué pasa?- Pregunta Angel.
-Que me he olvidado el paraguas, y va a empezar a llover de un momento a otro.
-¿Y qué? No sé tú, pero yo siempre he soñado con un beso bajo la lluvia-Dice con una sonrisa.
-Yo también-Le sonrío.
Y de repente, como si todo se compaginara a nuestro favor, empieza a llover. Angel coge mi cara entre sus manos y me besa. Es un beso cálido, tierno. Cuando se separa de mí, no puedo evitar reír.
-¿Qué? ¿Tan mal beso que te ríes de mi?-Me pregunta.
-No no, claro que no, es sólo que… ¿quién nos iba a decir cuando nos conocimos a principio de curso, que acabaríamos así?
-La verdad es que sí… aunque yo me fijé en ti desde el primer momento en que te vi- Otra sonrisa más.
-Tú y yo-Digo para mí misma- Suena bien.
-Cambiemos el “tú y yo” por un “nosotros”. Suena mejor-Me dice Angel.

-¿Paula?-Dice Angel al otro lado del teléfono.
-¿Si?-Salgo de mis pensamientos.
-Que tengo que colgar, voy a desayunar para luego ir al gimnasio.
-Ah, está bien, ¿hablamos más tarde?
-Claro que sí, al atardecer-Me recuerda.
-Veo que te acuerdas-Le digo.
-La duda ofende, princesa-Me dice riendo.
-Jajaja te dejo anda, que con el madrugón desvarías-Le digo.
-Está bien, hasta por la tarde mi vida. Te quiero.
-Yo más, un beso.
Y le colgué sin darle tiempo a replicarme el “yo más”. Me sentí aliviada de hablar con Angel, me siento mejor. Me levanto de la cama y me ducho. En apenas 20 minutos ya estoy lista y, tras vestirme, bajo a desayunar. Ya son más de las 9, hablando con Angel el tiempo me ha pasado volando.
Mi tía Joyce y mi tío Richard ya están en la cocina.
-Buenos días Paula-Dice mi tía-¿Has dormido bien?
-Si-Miento-Bastante bien.
Me siento a la mesa, cuando se me vienen a la cabeza las palabras de Ingrid.
-Por cierto tía Joy…
-Dime
-Esta tarde me gustaría ir a la peluquería, necesito un cambio de look-Sonrío.
-Ah, pues no muy lejos de aquí hay una, si quieres te acompaño.
-Si no es molestia… No vaya a ser que me pierda, que apenas llevo un par de días aquí.
-Claro que sí, esta tarde iremos.
-Muchas gracias.
Empezamos a desayunar sin ningún otro tema sobre el que hablar. A decir verdad, ninguno de los tres habla nada durante el desayuno, así que decido ser yo la que rompa ese silencio.
-Y bueno… ¿Qué es lo que está estudiando Victor en Bexley?-Intervengo.
Mis tíos intercambian una mirada y luego fijan sus ojos en mí. La tía Joy ya no tiene la mirada alegre de siempre, y mi tío Richard… no sé describir su mirada, pero llego a la conclusión de que no ha sido buena idea hablar sobre mi primo. Lo que no sé, es por qué.

Bueno aqui teneis el capítulo, esperamos ques os guste. Comentar, besos.